El impacto de los sistemas de bienestar social sobre la pobreza ha sido objeto de diversos estudios académicos y empíricos. En general, la evidencia sugiere que en los estados de bienestar, la pobreza disminuye significativamente después de que los países adoptan programas de asistencia social.
La evidencia empírica indica que los impuestos y las transferencias reducen considerablemente la pobreza en la mayoría de los países donde el estado de bienestar representa al menos una quinta parte del PIB. En 2013, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) afirmó que el gasto en bienestar es vital para reducir la brecha de riqueza global, que se encuentra en constante expansión.
Factores Exógenos y Complejidad
A pesar de la tendencia general positiva, la relación entre el bienestar y la pobreza no es lineal. Está sujeta a diversos factores exógenos, incluyendo los determinantes sociales de la pobreza, el tipo de régimen de bienestar y el grado de prejuicio sistémico social, económico y político contra las personas que viven en situación de pobreza. Por lo tanto, aunque los estudios comparativos indican un efecto positivo general, es crucial analizar las diferencias entre los estados de bienestar para determinar la eficacia real de las políticas sociales.
Estudios Empíricos sobre la Reducción de la Pobreza
La medición cuantitativa del impacto de los programas de bienestar varía según el diseño del estudio y los datos disponibles. Muchos análisis se centran en el impacto neto de los programas de impuestos y transferencias sobre la pobreza relativa.

Smeeding - "Poor People in Rich Nations" (2006)
Timothy Smeeding utilizó datos del Estudio de Ingresos de Luxemburgo para determinar la efectividad de los programas anti-pobreza. Sus conclusiones indicaron que los pagos de transferencias post-impuestos redujeron tanto la pobreza relativa como la absoluta en todos los países analizados, aunque con variaciones significativas entre naciones.
Kenworthy (1999) y Bradley et al. (2003)
Dos estudios compararon países internacionalmente antes y después de la implementación de programas de bienestar social. Utilizando datos del Estudio de Ingresos de Luxemburgo, Lane Kenworthy y Bradley et al. midieron las tasas de pobreza en términos relativos (definidos por los gobiernos respectivos) y absolutos (definidos como el 40% de la mediana de ingresos de Estados Unidos).
Los resultados de ambos estudios muestran que la pobreza se redujo significativamente durante los periodos en que se crearon los principales programas de bienestar, independientemente del rendimiento económico general de la economía.
Korpi y Palme - La Paradoja de la Redistribución (1998)
En su estudio "The Paradox of Redistribution and Strategies of Equality", Walter Korpi y Joakim Palme analizaron la eficiencia redistributiva de las políticas de bienestar social universales frente a las focalizadas. Utilizando datos de 18 países de la OCDE, identificaron que la eficiencia redistributiva de proporcionar beneficios relacionados con los ingresos para los asalariados de altos ingresos (como las pensiones privadas) es a menudo mayor que la de los beneficios de tasa fija o focalizados (means-tested). Este hallazgo complica la hipótesis tradicional de que un estado de bienestar más generoso es automáticamente más exitoso en la reducción de la desigualdad y la pobreza.
