Jofi (1928 – enero de 1937), también conocida como Yofi, fue una perra de raza Chow Chow que perteneció a Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis. Jofi no fue solo una mascota, sino una figura central en la vida personal y profesional de Freud, convirtiéndose en un ejemplo temprano de los beneficios terapéuticos del vínculo entre humanos y animales.
Orígenes y el Vínculo de Freud con los Perros
Curiosamente, Sigmund Freud no tuvo perros hasta que entró en sus setenta años. Su conexión con los caninos comenzó a mediados de la década de 1920, cuando su hija, Anna Freud, adquirió un Pastor Alemán llamado Wolf. Inicialmente, el perro era para Anna, pero Freud desarrolló un fuerte apego hacia él, lo que marcó un cambio significativo en sus intereses personales.
Según su biógrafo Ernest Jones, la falta de perros en la infancia de Freud se debió en parte a factores culturales. En la Europa de su época, muchas familias judías evitaban el contacto cercano con los perros debido a asociaciones traumáticas, como el uso de perros de ataque por parte de antisemitas durante los pogromos. Superar esta inercia cognitiva permitió a Freud abrirse a la compañía animal en su vejez.
En 1928, Freud recibió como regalo de Dorothy Burlingham, una amiga de Anna, un Chow Chow llamado Lûn-Yu. Lamentablemente, Lûn-Yu murió 15 meses después al ser atropellado por un tren, un evento que causó a Freud un dolor profundo, similar al duelo por un ser humano. Siete meses después, Freud acogió a Jofi, la hermana de Lûn-Yu. El nombre "Jofi" proviene del hebreo (יווי) y significa "belleza".
El Papel de Jofi en la Vida Personal de Freud
Jofi se convirtió en la compañera constante de Freud, especialmente durante un periodo de aislamiento profesional y personal. Freud describió su afecto por Jofi comparándolo con su gusto por los puros, destacando la personalidad única de la perra.
El vínculo fue tan fuerte que, cuando Freud tuvo que viajar a Berlín para recibir tratamiento por el cáncer de mandíbula, expresó una profunda nostalgia por Jofi en sus cartas a su esposa Martha, quien no compartía el mismo afecto por los perros. Jofi estaba integrada en la rutina diaria; Freud solía compartir sus comidas con ella, y debido a que el cáncer le dificultaba comer, Jofi a menudo terminaba sus platos.
Durante sus crisis de salud, Jofi mostró una empatía notable. Freud comentó a la princesa Marie Bonaparte que la perra parecía comprender todo su sufrimiento durante sus "días infernales". Jofi falleció el 11 de enero de 1937, tres días después de una cirugía para extirpar quistes ováricos, debido a un ataque al corazón. Freud quedó devastado, describiendo la pérdida de siete años de intimidad como algo difícil de superar. Sus cenizas fueron esparcidas en el jardín de su hogar.
Jofi en las Sesiones de Terapia
Jofi no solo estuvo en el hogar, sino que también participó activamente en las sesiones de psicoanálisis. Freud creía que los perros tenían una capacidad innata para comprender a los humanos y utilizaba la presencia de Jofi para evaluar a sus pacientes.
- Reducción de la tensión: La presencia calmada de Jofi ayudaba a aliviar la ansiedad de los pacientes, creando una atmósfera más acogera y facilitando que fueran más sinceros.
- Herramienta de diagnóstico: Freud observaba las reacciones de Jofi hacia los pacientes para obtener pistas sobre sus estados psicológicos.
- Intermediaria de comunicación: Freud a veces "hablaba a través de Jofi". Si la perra rascaba la puerta para salir, Freud comentaba: "Jofi no aprueba lo que estás diciendo". Si quería entrar, decía: "Jofi ha decidido darte otra oportunidad".
- Gestión del tiempo: Jofi poseía un sentido del tiempo sorprendente, bostezando y dirigiéndose a la puerta exactamente a los 50 minutos de la sesión.
Debido a su impacto, el American Kennel Club incluyó a Jofi en su lista de las perras más importantes de la historia.