La Rebelión de Maritz, también conocida como la Tercera Guerra Bóer o la Rebelión de los Cinco Chelines, fue una insurrección armada pro-alemana en Sudáfrica en 1914, al comienzo de la Primera Guerra Mundial. El movimiento fue liderado por bóers que buscaban el restablecimiento de la República Sudafricana en el Transvaal.

Antecedentes
Al finalizar la Segunda Guerra Bóer, los combatientes bóers habían sido obligados a firmar un compromiso de paz. Sin embargo, muchos de los llamados Bittereinders (los que lucharon hasta el final) nunca aceptaron plenamente los términos británicos. Para estos nacionalistas, el estallido de la Primera Guerra Mundial representó una oportunidad ideal para recuperar su independencia, viendo en Alemania, un antiguo aliado, el soporte necesario para desafiar al Imperio Británico.
Cuando el gobierno de la Unión de Sudáfrica, liderado por el primer ministro Louis Botha, decidió apoyar a Gran Bretaña e invadir la colonia alemana del Sudoeste Africano Alemán, la tensión alcanzó su punto crítico. Las tropas sudafricanas fueron movilizadas en septiembre de 1914 bajo el mando del general Henry Lukin y el teniente coronel Manie Maritz.

El Desarrollo de la Rebelión
El Brigadier General Christiaan Frederick Beyers, Comandante General de la Fuerza de Defensa de la Unión, se opuso firmemente a la decisión del gobierno de atacar a los alemanes. Beyers renunció a su cargo el 15 de septiembre de 1914, argumentando que no podía luchar contra los alemanes, a quienes consideraba aliados naturales frente a la barbarie británica.
La situación se complicó con la muerte del General Koos de la Rey, quien fue abatido por un policía en un control vial. Aunque fue un accidente, muchos nacionalistas afrikáners creyeron que se trató de un asesinato gubernamental, lo que exacerbó la ira popular y alimentó la insurrección.
El papel de Manie Maritz
El teniente coronel Manie Maritz, quien comandaba fuerzas en la frontera con el Sudoeste Africano Alemán, se alió con los alemanes y proclamó la independencia de las antiguas repúblicas bóer y de las provincias del Cabo y Natal, liberándolas del control británico. Esta acción marcó el inicio formal de la rebelión armada.
Consecuencias y Final
La rebelión fue suprimida rápidamente por el gobierno sudafricano. El resultado fue devastador para los insurgentes: al menos 124 rebeldes murieron en combate y otros 300 fallecieron durante una retirada desesperada a través del desierto del Kalahari. Los líderes sobrevivientes fueron condenados a fuertes multas y penas de prisión, y Jopie Fourie fue ejecutado por traición.


