Mercaderes de la Duda (Merchants of Doubt), publicado en 2010 por los historiadores de la ciencia Naomi Oreskes y Erik M. Conway, es una obra fundamental para comprender cómo se ha manipulado la percepción pública sobre temas críticos de salud y medio ambiente. El libro analiza los paralelismos entre la controversia del calentamiento global y disputas anteriores relacionadas con el tabaco, la lluvia ácida, el DDT y el agujero en la capa de ozono.
La Estrategia de la Duda
Oreskes y Conway argumentan que la estrategia central de quienes se oponen a la acción regulatoria no es necesariamente refutar la ciencia, sino "mantener viva la controversia". Al difundir duda y confusión, logran retrasar la implementación de políticas públicas incluso después de que se haya alcanzado un consenso científico sólido.

Los Protagonistas de la Ofuscación
El libro identifica a un pequeño grupo de científicos, predominantemente estadounidenses y con fuertes vínculos políticos conservadores, que jugaron un papel desproporcionado en estos debates. Entre ellos destacan los físicos Bill Nierenberg, Fred Seitz y Fred Singer. Estos individuos, algunos con experiencia en el proyecto de la bomba atómica, utilizaron su prestigio académico para desafiar el consenso científico en diversas áreas:
- Tabaquismo: Negando los riesgos del cigarrillo.
- Lluvia Ácida: Cuestionando su impacto ambiental.
- Capa de Ozono: Negando la existencia del "agujero" y el efecto de los CFC.
- Cambio Climático: Negando el origen antropogénico del calentamiento global.
Estos científicos colaboraron con centros de pensamiento (think tanks) conservadores y corporaciones privadas, como la Heritage Foundation y el George C. Marshall Institute, para promover la idea de que cualquier regulación gubernamental era un paso hacia el socialismo o el comunismo.
El Impacto en la Opinión Pública y los Medios
Los autores critican duramente el concepto de "equilibrio periodístico". Argumentan que, en el intento de presentar "ambas caras de la moneda", los medios de comunicación amplificaron mensajes engañosos, otorgando el mismo peso a un consenso científico global que a un puñado de escépticos financiados por la industria. Este fenómeno, conocido como falso equilibrio, permitió que la desinformación se perpetuara en la mente del público.
Recepción y Legado
El libro fue recibido con entusiasmo por la mayoría de los críticos. Philip Kitcher, en la revista Science, lo describió como un estudio "fascinante e importante", mientras que otros críticos señalaron que los protagonistas no eran científicos objetivos, sino "mercenarios que hablan la ciencia", contratados para procesar datos que favorecieran los intereses corporativos.
Debido a su impacto, la obra fue adaptada al cine en 2014 en un documental dirigido por Robert Kenner, que expande la tesis del libro sobre la fabricación de la duda.