El término nanobacteria se refiere a una clase propuesta de microorganismos con paredes celulares cuyo tamaño es significativamente menor que el límite inferior generalmente aceptado para la vida (aproximadamente 200 nm para bacterias como el mycoplasma). Aunque inicialmente fueron presentadas como una nueva forma de vida, la comunidad científica ha desacreditado mayoritariamente esta noción, considerándolas ahora como estructuras abióticas.

Orígenes y Controversia (1981–2000)
La búsqueda de organismos extremadamente pequeños comenzó a principios de los años 80. En 1981, Francisco Torella y Richard Y. Morita describieron las ultramicrobacterias, células menores a 300 nm. Posteriormente, en 1989, el geólogo Robert L. Folk identificó nanopartículas en formaciones de travertino en Italia, sugiriendo que estas nanobacterias eran los agentes principales de la precipitación de minerales y la oxidación de metales en la Tierra.
El interés aumentó en 1996 cuando el científico de la NASA, David McKay, sugirió la existencia de nanofósiles de nanobacterias marcianas en el meteorito ALH84001, hallado en la Antártida. Paralelamente, en 1998, los investigadores Olavi Kajander y Neva Çiftçioğlu propusieron el Nanobacterium sanguineum para explicar la calcificación patológica en los cálculos renales, afirmando que estas partículas se autoreplicaban y contenían ADN.
El Quiebre de la Hipótesis
En el año 2000, un equipo liderado por John Cisar del NIH puso a prueba estas ideas. Sus resultados indicaron que la supuesta "autoreplicación" era en realidad una forma de crecimiento cristalino. Además, el ADN detectado se identificó como Phyllobacterium myrsinacearum, un contaminante común en las reacciones de PCR, invalidando la prueba de vida biológica.
Investigaciones Recientes y Conclusiones (2001–Presente)
A pesar de los hallazgos de Cisar, algunos grupos continuaron reportando el aislamiento de nanobacterias en arterias humanas enfermas y cálculos renales entre 2004 y 2006. Incluso se realizaron estudios en la NASA utilizando matraces de cultivo rotatorios para simular la microgravedad, sugiriendo que estas partículas se multiplicaban más rápido en el espacio, lo que podría influir en la formación de cálculos renales en astronautas.
Sin embargo, estudios publicados en PLOS Pathogens y PNAS en 2008 fueron definitivos. Los autores concluyeron que las nanobacterias no son entidades vivas, sino complejos de mineral-fetuina que se propagan por sí mismos. Se demostró que los precipitados de carbonato de calcio (CaCO3) preparados in vitro presentan formas vesiculares y divisiones similares a las celulares, pero son puramente inorgánicos.
Lecciones de la Geomicrobiología
Investigaciones posteriores mostraron que mecanismos inusuales de crecimiento cristalino pueden producir precipitados de witherita que se asemejan sorprendentemente a organismos primitivos. Esto ha servido como una advertencia crítica para la ciencia: la evidencia de vida no puede basarse únicamente en la morfología, ya que la materia inerte puede imitar formas biológicas complejas.
