Ui-te-Rangiora, también conocido como Hui Te Rangiora, es una figura legendaria de la navegación polinesia. Se dice que en el siglo VII, a bordo de la embarcación Te Ivi o Atea, zarpó hacia el Océano Austral, convirtiéndose, según algunas interpretaciones, en el primer ser humano en descubrir las aguas antárticas.
La Leyenda de Tai-uka-a-pia
La historia tiene sus raíces en la isla de Rarotonga, en el archipiélago de las Islas Cook. Según una interpretación del siglo XIX realizada por Stephenson Percy Smith, Ui-te-Rangiora y su tripulación navegaron hacia el sur y encontraron una región llamada Tai-uka-a-pia. Smith describió este lugar como un "mar congelado", un sitio brumoso, oscuro y sin sol, donde las rocas emergían del mar.
El término Tai-uka-a-pia fue interpretado por Smith como una referencia a los témpanos de hielo y icebergs, comparando su apariencia con el polvo de arrurruz (Tacca leontopetaloides), una planta polinesia. Esta analogía llevó a muchos a concluir que Ui-te-Rangiora había alcanzado las proximidades de la Antártida.

Debates y Críticas Históricas
A pesar de la fascinación que genera el relato, la interpretación de que Ui-te-Rangiora llegó a aguas antárticas ha sido cuestionada por diversos expertos. El antropólogo Te Rangi Hīroa señaló que la leyenda contiene demasiada información posterior a la llegada de los europeos, lo que resta credibilidad a su antigüedad.
Además, se argumenta que el idioma maorí de las Islas Cook no poseía una palabra pre-europea para "hielo" o "congelado". Por ello, algunos sugieren que Tai-uka-a-pia podría traducirse más acertadamente como "mar cubierto de espuma como el arrurruz", refiriéndose quizás a la espuma del mar o a un fenómeno natural distinto.
Otra teoría sugiere que lo que el navegante vio no fue hielo, sino una densa capa de piedra pómez flotante producto de una erupción volcánica submarina. Un evento similar fue observado en 2012 cerca de las Islas Kermadec, donde una capa blanca de 60 cm de espesor cubrió la superficie marina, asemejándose a un glaciar.

Evidencias en Islas Subantárticas
El debate sobre la presencia polinesia en el sur extremo se extiende a las islas subantárticas. Aunque se afirmó que en 1886 se encontraron fragmentos de cerámica Lapita en las Islas Antipodes, dicha afirmación nunca fue corroborada arqueológicamente.
Sin embargo, existen pruebas más sólidas en la Isla Enderby, donde se ha hallado evidencia del uso por parte de los maoríes en los siglos XIII o XIV. Asimismo, en 1810 se encontró una embarcación de "diseño antiguo" en la Isla Macquarie, la cual pudo haber sido una nave polinesia, aunque algunos capitanes de la época intentaron atribuirla erróneamente al expedicionario francés de Lapérouse.


