El Comité de Emergencia de Científicos Atómicos (ECAS, por sus siglas en inglés) fue fundado en mayo de 1946 por los renombrados científicos Albert Einstein y Leó Szilárd. Esta organización nació principalmente como una agencia de recaudación de fondos y formulación de políticas con un objetivo crítico: advertir al público sobre los peligros inherentes al desarrollo de las armas nucleares y promover el uso pacífico de la energía atómica.
Historia y Origen
La creación del comité surgió tras la "petición de Szilárd" de julio de 1945, dirigida al presidente de los Estados Unidos, Harry S. Truman. En dicho documento, 70 científicos que habían participado en el Proyecto Manhattan se opusieron al uso de la bomba atómica basándose en razones morales. Muchos de estos científicos no habían sido plenamente conscientes de la magnitud de lo que estaban creando durante el desarrollo del proyecto.
Einstein convocó a otros siete científicos destacados para unirse a esta causa, entre ellos Linus Pauling, R.F. Bacher, Hans A. Bethe, Edward U. Condon, Thorfin R. Hogness, Harold C. Urey y V.F. Weisskopf. Posteriormente, se incorporaron Selig Hecht, Harrison Brown y H.J. Mueller.
La Junta Directiva
El comité estuvo compuesto por una Junta de Fideicomisarios integrada por ocho miembros clave:
- Albert Einstein (Presidente)
- Harold C. Urey (Vicepresidente)
- Hans Bethe
- Thorfin R. Hogness
- Philip M. Morse
- Linus Pauling
- Leó Szilárd
- Victor Weisskopf
Es notable que la mitad de estos miembros habían trabajado directamente en el Proyecto Manhattan, y todos habían estado involucrados indirecta o consultivamente en la producción de la primera bomba atómica.
Principios Fundamentales
El ECAS basó su misión en una serie de hechos aceptados por la comunidad científica de la época:
- Las bombas atómicas pueden fabricarse de manera económica y en grandes cantidades, volviéndose cada vez más destructivas.
- No existe, ni se espera que exista, una defensa militar contra las bombas atómicas.
- Otras naciones pueden redescubrir los procesos secretos de fabricación por su cuenta.
- La preparación para una guerra atómica es inútil y, de intentarse, arruinaría la estructura del orden social.
- Si estalla una guerra, el uso de bombas atómicas destruiría inevitablemente la civilización.
- La única solución es el control internacional de la energía atómica y, en última instancia, la eliminación de la guerra.
Actividades y Objetivos
El objetivo inmediato del comité fue recaudar un fondo sustancial de 1 millón de dólares para apoyar actividades educativas dirigidas a lograr un control civil, nacional e internacional de las actividades nucleares futuras. Para facilitar esto, el ECAS se incorporó en Nueva Jersey el 6 de agosto de 1946.
Los fondos recaudados se canalizaron hacia otros grupos educativos y de incidencia, tales como el Comité Nacional para la Información Atómica (NCAI), la Asociación de Científicos para la Educación Atómica (ASAE), la Federación de Científicos Estadounidenses (FAS) y los Científicos Atómicos de Chicago (ASC) del Boletín de Científicos Atómicos (BAS).
Iniciativas y el Plan Baruch
El comité promovió el Plan Baruch, presentado a las Naciones Unidas en 1946, el cual proponía un control internacional de las bombas atómicas. Aunque el plan fue aprobado por la Comisión de Energía Atómica de las Naciones Unidas (UNAEC), la Unión Soviética no llegó a acordarlo.
Hacia un Gobierno Mundial
Con el tiempo, Einstein y sus colegas se convencieron de que la única solución lógica para evitar la aniquilación nuclear era el establecimiento de un gobierno mundial. En una carta abierta a la Asamblea General de las Naciones Unidas en octubre de 1947, Einstein enfatizó la necesidad urgente de cooperación internacional. Esta visión llevó a la colaboración con los Federalistas Mundiales Unidos (UWF) y posteriormente al impulso de la Convención Constitucional Mundial, que buscaba crear una constitución para una federación democrática global.
Disolución y Legado
Hacia finales de 1948, el deterioro de las relaciones internacionales y el fracaso de la UNAEC llevaron al comité a reconocer que la educación del hombre sobre las implicaciones de la energía atómica era fundamental para la supervivencia de la humanidad.