El Concilio de Pisa fue una asamblea eclesiástica controvertida celebrada en 1409 con el objetivo primordial de poner fin al Cisma Occidental, un periodo de profunda división en la Iglesia Católica donde múltiples pretendientes al trono papal coexistían simultáneamente.

Antecedentes y Causas
La crisis se precipitó debido a la insatisfacción generalizada con los papas rivales: Benedicto XIII (de Aviñón) y Gregorio XII (de Roma). El detonante inmediato fue la conducta de Gregorio XII, quien en mayo de 1408 creó cuatro nuevos cardenales, dos de ellos sus sobrinos, violando las capitulaciones electorales que había firmado al ser elegido.
Esta acción provocó la deserción de varios cardenales. El 29 de junio de 1408, trece cardenales se reunieron en Livorno para redactar un manifiesto que proponía la convocatoria de un concilio general para terminar con el cisma. A pesar de la oposición de los papas rivales, quienes convocaron sus propios concilios en Perpiñán y Aquileia, el apoyo de universidades prestigiosas como las de París, Oxford y Colonia, así como de doctores destacados como Pierre d'Ailly y Jean Gerson, legitimó el movimiento.
El Principio de Salus Populi
Los cardenales basaron su acción en el principio legal "salus populi suprema lex esto" (la salvación del pueblo sea la ley suprema), argumentando que el bienestar de la Iglesia estaba por encima de cualquier consideración legal técnica. Sostuvieron que, dado que no había un papa indiscutible que pudiera convocar un concilio, la Sede Vacante debía ser asumida por el colegio cardenalicio para salvar la institución.
El Desarrollo del Concilio
El concilio comenzó el 25 de marzo de 1409, en la festividad de la Anunciación. En la Catedral de Pisa se reunieron cuatro patriarcas, 22 cardenales y 80 obispos. El objetivo era depositar a ambos papas por cisma y herejía manifiesta.
Resultados y Consecuencias
- Deposición de los Papas: El concilio declaró a Benedicto XIII y Gregorio XII como heréticos y cismáticos, procediendo a su deposición.
- Elección de Alejandro V: Se eligió a un tercer pretendiente papal, Alejandro V, quien gobernó solo unos pocos meses antes de morir.
- Sucesión de Juan XXIII: Tras la muerte de Alejandro V, fue sucedido por Juan XXIII.
Irónicamente, el Concilio de Pisa, en lugar de resolver el cisma, lo agravó temporalmente al crear una tercera línea papal, ya que ni Benedicto XIII ni Gregorio XII aceptaron su deposición, resultando en la existencia de tres papas simultáneamente.
