El fraude académico por contrato (conocido en inglés como contract cheating) es una forma de deshonestidad académica en la que los estudiantes pagan a terceros para que completen sus trabajos escolares o universitarios. A diferencia del plagio tradicional, donde se copian textos existentes, aquí se encarga la creación de un trabajo original pero no realizado por el alumno.
Origen del Término
El término fue acuñado en 2006 por Thomas Lancaster y Robert Clarke. Estos investigadores, expertos en ciencias de la computación, notaron que los estudiantes no solo externalizaban ensayos (lo que se conocía como "fábricas de ensayos"), sino que también contrataban a otros para realizar tareas de programación y código. Por ello, propusieron un término más inclusivo que abarcara cualquier disciplina, ya sea textual o técnica.
Alcance y Prevalencia
Diversos estudios han intentado medir la magnitud de este fenómeno. Algunas de las conclusiones más destacadas incluyen:
- Uso habitual: Investigaciones sugieren que muchos estudiantes que recurren a estos servicios lo hacen de manera recurrente.
- Agencias intermediarias: Se ha detectado que algunas cuentas en sitios de subastas no pertenecen a estudiantes, sino a agencias que subcontratan el trabajo.
- Tasas de incidencia: Aunque algunas encuestas anónimas reportan que alrededor del 3.5% de los estudiantes admiten comprar trabajos, otros estudios con métodos de "verdad incentivada" sugieren que la cifra real podría ser mucho más alta, alcanzando hasta el 7.9% en la compra de trabajos personalizados y el 11.4% en el uso de archivos compartidos.
Disciplinas más Afectadas
Aunque el fraude puede ocurrir en cualquier área, existe un consenso académico sobre las disciplinas con mayor incidencia:
- Negocios
- Ingeniería
- Ciencias (incluyendo pre-medicina y ciencias de la salud)
- Humanidades
- Educación
El Impacto de la Pandemia
Durante la pandemia de COVID-19 en 2020, el fraude académico por contrato se volvió particularmente problemático. La transición de exámenes presvistos en salas vigiladas a evaluaciones en línea, sin el monitoreo riguroso habitual, abrió nuevas oportunidades para que los estudiantes utilizaran servicios de ayuda externa a través de Internet.
Prevención y Detección
Estrategias de Prevención
Para combatir esta práctica, las instituciones educativas están implementando diversas estrategias:
- Diseño de evaluaciones: La creación de evaluaciones individualizadas y personalizadas dificulta que un tercero pueda completar el trabajo sin conocer el contexto específico del alumno.
- Bloqueos tecnológicos: Algunos países, como Australia desde agosto de 2022, han comenzado a bloquear el acceso a sitios web de servicios de fraude académico a nivel nacional.
Métodos de Detección
A pesar de que las empresas de redacción afirman que sus servicios son indetectables, la investigación empírica demuestra que los educadores pueden ser entrenados para identificar trabajos que no coinciden con el estilo y nivel de competencia del estudiante. Existen procesos sistemáticos de detección y recursos de capacitación para que los docentes puedan señalar estas irregularidades de manera efectiva.
