El zorro plateado domesticado (Vulpes vulpes forma amicus) es una variante del zorro rojo silvestre, específicamente una forma melanística, que ha sido domesticada bajo condiciones de laboratorio. Este fascinante animal es el resultado de uno de los experimentos más ambiciosos de la historia de la biología: un estudio diseñado para demostrar el poder de la selección artificial para transformar especies, siguiendo las ideas planteadas por Charles Darwin en El origen de las especies.
El Experimento de Novosibirsk
Llevado a cabo en el Instituto de Citología y Genética en Novosibirsk, Rusia, el experimento buscaba responder una pregunta fundamental: ¿podría la selección basada en el comportamiento, en lugar de la morfología, ser el proceso que convirtió a los lobos en perros? Para probar esto, los investigadores registraron los cambios en los zorros cuando, en cada generación, solo los individuos más mansos eran permitidos para reproducirse.
La Hipótesis de Dmitry Belyayev
El científico Dmitry Belyayev cuestionó cómo surgió la diversidad de las razas caninas a partir de sus ancestros lupinos. Belyayev propuso que todas las especies domesticadas habían sido seleccionadas bajo un único criterio: la mansedumbre. Según su teoría, este rasgo de comportamiento había "arrastrado" consigo otras características físicas que distinguen a los animales domésticos de sus parientes silvestres, como las orejas caídas, manchas blancas en el pelaje y cambios en la forma del cráneo.
Esta hipótesis es conocida como el síndrome de domesticación, aunque investigaciones internacionales en 2019 cuestionaron la validez de esta conclusión, sugiriendo que el experimento sigue siendo, sobre todo, un recurso valioso para investigar la genómica y la biología del comportamiento.
Proceso de Domesticación y Metodología
La domesticación de los zorros fue un desafío considerable, ya que la especie es naturalmente esquiva. Lyudmila Trut, una graduada seleccionada para gestionar el programa, comenzó en 1952 recolectando los zorros más mansos de granjas de pieles, iniciando con una población de 30 machos y 100 hembras, la mayoría provenientes de Estonia.
Para garantizar que la mansedumbre fuera el resultado de la selección genética y no de influencias ambientales, se siguieron reglas estrictas:
- Los zorros no fueron entrenados.
- Pasaron la mayor parte de su vida en jaulas.
- Tuvieron encuentros breves y controlados con los humanos.
- Se realizaron pruebas mensuales de reacción hacia el experimentador desde el primer mes de vida.
El experimentador intentaba acariciar y manipular al zorro mientras le ofrecía comida, evaluando así su nivel de agresividad y miedo.


Resultados y Observaciones
Muchos de los zorros descendientes se volvieron no solo más mansos, sino que también mostraron cambios morfológicos similares a los perros, como el pelaje moteado o manchado. Estos cambios físicos imprevistos fueron la prueba clave para Belyayev en su intento de demostrar que la selección por comportamiento altera la biología general del animal.


